Que una actividad sea ilegal no significa que sea ilegítima. Al revés, que algo sea legal no significa que sea legítimo. Las buenas y las malas acciones pueden ser a la vez legales y a la vez ilegales, ya que las leyes son tan falibles como quienes las crean: los seres humanos. Por ejemplo, hoy es legal el amparo del Estado a un monopolio (Saeta), pero es ilegal trabajar o construir tu casa sin “obtener permiso” y pagar derechos y concesiones. El problema de los bagayeros es el mismo problema de toda la humanidad durante toda la historia: alguien (el Estado), mediante el uso de la violencia (Gendarmería), solicitada por los alcahuetes (AFIP) les ha prohibido trabajar, con la excusa de proteger la industria nacional (los grandes empresarios que pagan derechos y concesiones para que los “protejan”) y con la excusa también de la solidaridad. Es obligatorio que un pobre o indigente sea solidario, que contribuya al financiamiento de jubilaciones cuyo monto él no se atreve...
La única voz por la libertad en el norte argentino