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El desafío de crear riqueza

El Estado no crea trabajo. El Estado solo puede destruirlo, mediante sus regulaciones e impuestos. Para repartir riqueza, primero hay que crearla. La riqueza la crea la gente que trabaja, transformando su esfuerzo en bienes o servicios que valora alguien más. El estado, para obtener fondos para su accionar aplica un sobrecosto o un sobreprecio que paga el que produce (porque obtiene menos por su trabajo) o el que compra (porque debe pagar más por el mismo producto). Todo ser humano íntegro es productor, a la vez que es consumidor. Por eso los impuestos le afectan en gran medida. El que consume sin producir es un parásito. El que produce sin consumir es un esclavo. En su accionar, el Estado nos trata a veces como a sus esclavos (cobrando impuestos), y a veces como a sus parásitos (otorgando subsidios). Casi nunca cumple la única función legítima que podría cumplir, que es asegurarnos el ejercicio de nuestra libertad, y exigirnos la responsabilidad de respetar la libertad de nuestros semejantes. El Estado actual nos ha transformado en sus esclavos engañándonos con la promesa de convertirnos en sus parásitos. Esto ocurre en todo el mundo en mayor o en menor medida, y es la explicación para todas las crisis.

Existe una única forma de lograr el pleno empleo, con trabajo digno y bien remunerado: eliminar todas las regulaciones e impuestos al trabajo, a la empresa, al comercio y a las finanzas; permitir acuerdos libres, pero exigir que esos acuerdos se cumplan; asegurar la Libertad, exigiendo la responsabilidad de respetar la libertad de los demás. Tus derechos terminan donde empiezan los derechos de otro.

(Publicado el 31/05/2013 en diario El Tribuno de Salta)

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