El 3 de Febrero había enviado esta carta para que la publiquen en El Tribuno. Nunca salió. Ahora que pasó esto en el camino a San Lorenzo, me pareció bueno reflotarla aunque sea aquí:
El mismo día lunes en el que un colectivo mataba una mujer, un agente de tránsito me detenía:
-¡Papeles! - ¿Cuál es el problema, oficial? - ¡Le estoy pidiendo los papeles! - ¿Porqué? - ¡Control de rutina! - ¿No me diga? Mire, no tengo los papeles. - ¡Entonces el vehículo queda retenido! - Usted no me va a retener el vehículo. Es mi vehículo. ¿Qué le pasa? ¿No conoce la ordenanza? Hágame la multa. - No puedo hacerle la multa si no tengo los papeles. - Para eso está la patente, oficial. Tome la patente, haga la multa y déjeme ir.
(El agente se para al frente de mi auto, para impedirme el paso) - Córrase agente. Tengo que irme. - El vehículo tiene que quedar detenido. (agarra el Handy para llamar a sus secuaces) - El vehículo es mío, y yo soy libre. Córrase usted o lo corro yo. - ¿Qué me va a atropellar? - Si es necesario… (lo empujé con el auto y me fui).
Es una locura que en tiempos de democracia tengamos que andar dando cuenta cada dos cuadras de quiénes somos y demostrando que no somos delincuentes. ¿Rige el principio de inocencia o acaso ahora todos somos sospechosos? Mi vehículo es muy especial, no hay uno que se le parezca en la ciudad, y soy consciente de que nadie robaría un vehículo de esas características. Si además voy a 20km/h, con las luces encendidas, el cinturón puesto, con el vehículo en evidentes buenas condiciones, etc… ¿Con qué motivo me paran? ¿Con qué motivo me exigen presentar papeles?
Mientras tanto, el mayor miedo que tengo hoy en día es morir en un accidente, provocado un malnacido de éstos que sobran en sus grandes vehículos nuevos, que viajan a 160km/h sin importarles un pepino, total tienen revisión técnica y seguro, cosa de no tener que pagar por la miserable vida que se llevan por delante. A éstos bestias que veo todos los días manejando borrachos, hablando por celular, con sus criaturas dando vueltas sueltas por todo el auto, viajando a altísimas velocidades sin importarles matar a quien se les cruce (porque la velocidad no da margen de error a ninguna falla, ni humana del homicida o de su víctima, ni a fallas mecánicas ni de la ruta), a estas bestias, el Estado en sus tres niveles las protege y ampara.
¿Para qué exigen revisión técnica si ningún accidente grave es consecuencia de fallas mecánicas? ¿Para qué exigen seguro si sólo sirve para fomentar actitudes irresponsables? ¿Para qué controlan papeles si los autos robados se comercian como pan caliente? ¿Para qué hacen controles de rutina si cualquiera que recorra nuestras calles en diez minutos ve con sus propios ojos diez infracciones peligrosas de los conductores y 1.000 fallas estatales en el diseño y mantenimiento de la infraestructura vial?
La respuesta a todas estas preguntas es la misma: porque el fin del Estado es sólo recaudar y generar negocios con amigos. Las otras funciones son puro adorno. A 200 años de romper las cadenas de la dominación española, hoy debemos defender nuestra libertad ante la banda de parásitos municipales, provinciales y nacionales que pretenden tenernos como súbditos mediante el uso de la violencia. “La Propiedad es inviolable y ningún habitante de la nación puede ser privado de ella sino en virtud de sentencia fundada en ley” (CN art 17).
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