En estos días en que tanto hablamos de soberanía energética,
soberanía alimentaria, soberanía a secas, etc, cabe preguntarse: ¿Qué es la
soberanía? Pues bien, la Soberanía es el dominio del Soberano, es decir, el
rey. En nuestros días, soberano debiera ser el pueblo, esto es, cada persona
individualmente, ejerciendo la soberanía sobre sí misma y sus posesiones. Sin
embargo, la realidad indica que el soberano es el gobierno, quien con la excusa
de representar los deseos de una mayoría, impone a su arbitrio a unos la
riqueza, a otros la miseria. El gobierno es Soberano. Nosotros somos sus
súbditos, y como tales, debemos someternos a sus designios.
¿Le interesa al pueblo la soberanía (energética, alimentaria, etc)?
Lo que en realidad interesa al pueblo es poder abastecerse de esas cosas. No
importa de dónde provengan. A los buenos administradores (sean gobiernos o
empresas) sólo les interesa acceder al recurso al menor costo posible, y
orientar la producción a aquello que mejor sabemos o podemos hacer, aquello para
lo cual tenemos ventajas comparativas. Al buen cocinero no le interesa producir
por sí mismo su carne, su pan, su aceite, su verdura. Le interesa obtenerla
para hacer aquello que mejor sabe hacer: un buen plato de comida caliente.
Al gobierno, al contrario, la soberanía sí le es de mucho interés,
pues por medio de ella puede exigir el pago de tributos. El Soberano exige el
tributo a los súbditos de su dominio. Esta es la razón por la que tanto se
reclama la soberanía sobre las Malvinas. Para cobrarles impuestos. No creerán
que era para darle paz y prosperidad a su pueblo. Por eso mismo se impide la
secesión a las provincias. La soberanía es la condición necesaria para cobrar
impuestos, no para brindar bienestar a un pueblo.
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