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Quizá alguien pueda preguntarse cómo es posible que la pobreza crezca mientras crecen el PBI, los subsidios y el salario mínimo. Ante esta aparente contradicción, cabe recordar que el PBI no es más que un promedio, que muestra dos personas de clase media cuando en realidad hay un rico y un muerto de hambre. El salario mínimo es un numerito que inventan unos señores poderosos que nadie conoce y a nadie representan. El numerito es el que condena a morir de hambre a cualquiera que esté dispuesto a hacer lo mismo que ellos pero por menos plata. Es el valor por el cual se aseguran que no podrás competir con ellos.

Debemos recordar también que allí donde hay un subsidio, ha habido antes un impuesto. El impuesto es un robo con excusa y con promesa de devolución. La excusa es falsa, y la devolución nunca es íntegra. Te devuelven las migajas, justo lo mínimo para que sigas creyendo en sus falsas excusas. Lo único cierto es que es un robo, porque es a la fuerza y contra tu voluntad. Los ricos y los poderosos no pagan impuestos, ellos los trasladan. Siempre termina pagándolos el pobre. Es la ley natural: el fuerte se defiende, el débil sucumbe. Lo trágico es que las ovejas débiles piden que el lobo se coma a las ovejas fuertes, en lugar de pedir acabar con el lobo.

La pregunta es entonces cómo pretendemos acabar con la pobreza, en un país en el que para trabajar hay que pedir permiso y pagar concesiones a los que no trabajan. Si querés cosechar zapallos, intercambiar monedas, manejar un taxi o vender humitas al paso, debes hacerlo bajo las reglas de los poderosos, o te mandarán a la policía y te meterán preso (como a los que cosechan zapallos), te quitarán tu herramienta de trabajo (como a los taxistas), te robarán tu plata (como a los arbolitos), y te confiscarán las humitas.

 http://www.eltribuno.info/salta/304102-CRECIMIENTOS-DISPARES.note.aspx

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