Mis comentarios a la nota de Armando Caro Figueroa: http://www.eltribuno.info/salta/nota/2017-7-22-0-0-0-empleo-precario-y-negociacion-fragil
Convengamos que los convenios colectivos no tienen un pepino de "convenio" (pues se imponen por la fuerza), y mucho menos de "colectivos" (pues los deciden dos caciques en Buenos Aires). Sería fabuloso que se tratara de un acuerdo, pero lo cierto es que los convenios colectivos, así como los conocemos, sólo son agradables y útiles a sus firmantes, en la medida en que puedan aplicarlos coactivamente (es decir, mediante violencia), a todo el mundo, estén o no de acuerdo. Para los estatistas como el Sr Caro Figueroa (que merece mis respetos a pesar de su lamentable condición), la imposición y la violencia son plausibles, en tanto que el acuerdo libre y pacífico son defenestrables. Para colmo, no admiten discusión al respecto, y endilgan "autoritarismo" (sic) al empresario que pretende lograr un acuerdo voluntario con sus empleados. Le diré con toda certeza, sr Caro Figueroa, que tanto el empresario como el empleado son personas libres y capaces, y como tales MERECEN ese reconocimiento. Coartar esa libertad es lo que ha dejado a las empresas sin mano de obra, y a los empleados sin sustento y con la amenaza latente del desempleo. Va siendo hora de que los estatistas den un paso al costado y reconozcan que toda su intervención ha hecho miserable a un pueblo que quiere trabajar y dar trabajo.
Convengamos que los convenios colectivos no tienen un pepino de "convenio" (pues se imponen por la fuerza), y mucho menos de "colectivos" (pues los deciden dos caciques en Buenos Aires). Sería fabuloso que se tratara de un acuerdo, pero lo cierto es que los convenios colectivos, así como los conocemos, sólo son agradables y útiles a sus firmantes, en la medida en que puedan aplicarlos coactivamente (es decir, mediante violencia), a todo el mundo, estén o no de acuerdo. Para los estatistas como el Sr Caro Figueroa (que merece mis respetos a pesar de su lamentable condición), la imposición y la violencia son plausibles, en tanto que el acuerdo libre y pacífico son defenestrables. Para colmo, no admiten discusión al respecto, y endilgan "autoritarismo" (sic) al empresario que pretende lograr un acuerdo voluntario con sus empleados. Le diré con toda certeza, sr Caro Figueroa, que tanto el empresario como el empleado son personas libres y capaces, y como tales MERECEN ese reconocimiento. Coartar esa libertad es lo que ha dejado a las empresas sin mano de obra, y a los empleados sin sustento y con la amenaza latente del desempleo. Va siendo hora de que los estatistas den un paso al costado y reconozcan que toda su intervención ha hecho miserable a un pueblo que quiere trabajar y dar trabajo.
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